miércoles, 17 de julio de 2013

Musculación en la adolescencia

El entrenamiento de musculación para adolescentes desgraciadamente todavía es un tema muy discutible para muchos profesionales de la salud, como médicos y educadores físicos. La causa de esa controversia se debe justamente el hecho de que algunos de esos profesionales estén desactualizados con respecto a ese tema, pues en los últimos años muchas investigaciones están demostrando los verdaderos efectos de un programa de fuerza para adolescentes.
Los estudios más antiguos constantemente cuestionaban la seguridad y eficiencia de un entrenamiento de fuerza para esa franja de edad, pero las nuevas evidencias están indicando que los adolescentes pueden aumentar la fuerza muscular a consecuencia de un entrenamiento de fuerza (GUY & MICHELI, 2001; FAIGENBAUM et al, 1999).
Los riesgos de un entrenamiento de fuerza bien orientado e individualizado son prácticamente nulos (BLINKIE, 1993), ya que ningún tipo de lesión fue reportado en estudios supervisados de forma competente, es decir, estudios bien delineados, conducidos por instructores cualificados y planeados de forma específica para la edad. (FAIGENBAUM, et al., 2003).
Las evidencias y certificaciones
Cuatro asociaciones internacionales bien conceptuadas ya emitieron un parecer favorable a la práctica de entrenamiento de musculación en adolescentes como un ejercicio eficaz y seguro cuando bien orientado, son ellas:
American College Of Sports Medicine (ACSM, 2000).
National Strength and Conditioning Association (NSCA, 1996).
The American Academy of Pediatrics (AAP, 2001).
American Orthopedic Society for Sports Medicine (AOSSM, 1988).
Es bueno resaltar que estas asociaciones son de porte INTERNACIONAL clase "A", y sólo publican artículos tras que los mismos sean aprobados por comités de ética rigurosos.
Beneficios de la Musculación adolescentes
La mayoría de los chavales jóvenes pueden beneficiarse con los programas de entrenamiento de fuerza, por lo que respecta a la mejora del acondicionamiento físico y desempeño en los deportes o para reducir la probabilidad de lesiones en actividades deportivas o recreativas (FLECK & KRAEMER, 1997).
Un programa de ejercicio eficiente y seguro es necesario para tratar enfermedades crónicas (ej. el sobrepeso), (SOTHERN] et al, 2000), es por ello que el entrenamiento de fuerza está siendo adoptado como forma segura y eficaz en los programas para bajar de peso en adolescentes. En un estudio realizado en la Universidad de Louisiana, los investigadores habían utilizado la musculación bien orientada en un programa para bajar de peso corporal en jóvenes. Hubo cambios significativos en la composición corporal (bajada de peso y % de grasas) y no se reportó ninguna lesión en esa investigación (SOTHERN et al, 1999).
El desarrollo óseo de los chavales también es afectado positivamente en función del entrenamiento con pesas. Las cantidades aumentadas de fibras colágenas y sales inorgánicas son depositadas en los huesos como respuesta la tensión muscular, coeficiente de tensión y compresión. Esa mejora de la densidad ósea puede ser importantísima en la prevención de la osteoporosis, ya que un aumento en el orden de sólo 5% de la densidad mineral ósea puede disminuir los riesgos de fracturas en edades avanzadas hasta 25%.
Resumidamente, los principales beneficios son:
Aumento de la fuerza y resistencia muscular.
Mejora del desempeño deportivo.
Prevención de lesiones en los deportes y también en actividades recreativas.
Rehabilitación de lesiones.
Mejora de la composición corporal, con disminución de la grasa corporal, pudiendo de esa forma prevenir y tratar el sobrepeso juvenil.
Aumento de la densidad mineral ósea.
Aumento de la capacidad cardiorespiratoria.
Disminución de lípidos sanguíneos.
Mejoría del bienestar psico-social
Crecimiento y maduración
Un crecimiento ideal y la maduración sexual dependen del potencial genético, estado nutricional y una serie de hormonas. Las hormonas responsables por la maduración y crecimiento esquelético son:
La LH.
La FSH.
La Somatotrofina (HGH).
El Estrógeno.
La Testosterona.
El IGF-1.
El Cortisol.
El Estradiol.
La Androstenediona.
La Dehidroepiandrosterona (DHEA)
La práctica de musculación no favorece las alteraciones en la producción de ninguna hormona responsable por el crecimiento longitudinal y maduración esquelética en críos y adolescentes. Los estímulos y las respuestas generadas por el ejercicio físico no son suficientes para alterar de forma significativa los procesos genéticamente programados de crecimiento y maduración; y la actividad física regular funciona de manera a mejorar la densidad ósea, y el crecimiento óseo en anchura, PERO NO EN LONGITUD (MALINA, 1991)

Evidencias científicas:
DALY et al, 1998: Estudio – 16 pre-adolescentes del sexo masculino, atletas de Gimnasia Olímpica que entrenaban al menos 17 h/semana habían sido comparados con 17 pre-adolescentes inactivos. Se comparó la Testosterona sérica, IGF-1 y cortisol. No hubo diferencia entre los grupos.
JAFFRE et al, 2002: Estudio - Los efectos de un entrenamiento intensivo de gimnastas pre-adolescentes se compararon con un grupo control. La producción de testosterona, DHEA, Androstenediona y Cortisol fue analizada entre los grupos. No hubo diferencia  en los niveles de testosterona, DHEA, y Cortisol, pero la androstenediona fue significativamente reducida en las atletas.
GEORGOPOULOS: et al en 2001: Estudio – 104 gimnastas del sexo femenino habían sido analizadas. Se verificaron datos de peso, altura, y meta de la fase adulta. Como resultado se verificó un retraso de 1.8 años en la maduración ósea, sin embargo ese retraso fue compensado con un rápido crecimiento al final de la pubertad. La altura en ese estudio excedió la altura estimada genéticamente. La conclusión del autor fue que las atletas de gimnasia rítmica de élite compensan la pérdida del crecimiento en la pubertad con un pico de crecimiento lineal acelerado al final de la pubertad. A pesar del retraso en la maduración esquelética, la predisposición genética es alcanzada y hasta excedida.
THEODOROPOULOS et al, 2005: Estudio – 433 atletas de gimnasia rítmica (GR) y 427 de gimnasia artística (GA) que fueron comparados. Se evaluó parámetros como altura, peso, práctica pubertal e intensidad de entrenamiento. Fue detectado un retraso en el desarrollo de la pubertad, sobre todo en el grupo de GA, sin embargo el desarrollo ocurrió en progresión normal en ambos los grupos. La conclusión del autor fue que en el GR y GA el desarrollo pubertal fue alcanzado tardíamente, pero manteniendo una tasa de progresión normal y alcanzando la maduración esquelética normal. En las atletas de GA que son expuestas a la dietas de mayor restricción calórica y que tiene mayor gasto energético, el retraso en la maduración y desarrollo óseo son más evidentes.
WEIMANN et al , 2000; ROGOL et al, 2000: “La participación en deportes que en el que el control de peso no es requerido no afecta el ritmo de la pubertad y ni la tasa de crecimiento”.
Los diversos estudios listados arriba corroboran con el hecho de que el entrenamiento físico por sí sólo no afecta el ritmo de crecimiento, la maduración y mucho menos la estatura final de un individuo. Sin embargo los entrenamientos con intensidad y volumen alto, y sobre todo la inadecuación nutricional son factores que llevan a una predisposición del individuo joven a sufrir alteraciones hormonales que pueden comprometer el ritmo del crecimiento.
Es muy improbable (para no decir imposible) que algún educador físico consiga aplicar intensidad y volumen exagerado en algún chaval o adolescente dentro de una sala de musculación. Probablemente la mayoría de los deportes tales como el yudo, baloncesto, fútbol y sobre todo gimnasia olímpica implican en cargas de trabajo total mucho más grande que las impuestas en un entrenamiento de musculación.
De esa forma como podría ser posible un entrenamiento de musculación perjudicar el crecimiento ? Ciertamente algún seudo-experto podría muy bien responder que la musculación podría llevar a un adolescente a sufrir algún tipo de lesión en las placas de crecimiento y esas sí estorbarían el crecimiento. Primeramente tiene que ser aclarado que una lesión en determinada placa de crecimiento afectaría sólo el miembro lesionado y no el cuerpo de una forma global. En una revisión de 145 artículos publicada por la [NSCA] en 1996, tenemos la siguiente citación:
No fue reportado NINGÚN tipo de fractura en las placas epifisrias en estudios con ejercicios de musculación que utilizaron entrenamiento apropiado y orientación competente” (Youth Resistance Training: Position Statement] and Literature Review; NSCA, 1996).
Faigenbaum en 2003 también concluyó que no reportó ningún tipo de lesión en estudios supervisados de forma competente, es decir, estudios bien delineados, conducidos por instructores cualificados y planeados de forma específica para la edad. Si también vamos por el lado que la infancia-adolescencia es el periodo en que la modelación ósea mejor responde a la cargas mecánicas (Bass, 2000), se vuelve más inconsistente la idea que el ejercicio físico y sobre todo el ejercicio de musculación puede ser peligroso para el esqueleto inmaduro.
Seguramente las actividades recreacionales o deportes de contacto tienen mucho más oportunidades de causar lesiones a cualquier chaval que una simple rutina de musculación donde, además del instructor consigue controlar todas las variables y los gestos motores utilizados que son infinitamente más simples que los utilizados en cualquier deporte.
Cientos de estudios habían sido publicados en los últimos años apoyando la práctica de musculación en adolescentes y en cualquier franja de edad. Varios beneficios son constantemente relatados, mientras raramente son identificados efectos colaterales del ejercicio con pesas, inclusive en pre-adolescentes. Los datos arriba expuestos y los cientos de estudios publicados definitivamente desmitifican los efectos negativos del entrenamiento de musculación en la adolescencia.

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